Francesc Mestre

Galerista y publicista. Ha dirigido varias galerías de arte como la Sala Adrià o la galería René Metras y, desde 2001, la galería Francesc Mestre Art. Fue marchando de Guinovart, Ràfols Casamada, Erwin Bechtold, Artigau o Serra de Rivera, entre otros.

EL PROBLEMA DE LAS FUNDACIONES

EL PROBLEMA DE LAS FUNDACIONES

“Llibertat, coneixement, lluita” de Antoni Tàpies

A principios de los setenta del pasado siglo, en Cataluña no había Museo de Arte Contemporáneo ni ningún proyecto de que lo hubiese, pese al intento voluntarista de crear uno privado en la cúpula del cine Coliseum; en cambio, en Madrid se había inaugurado uno el año 1968.

Joan Miró, consciente de que el problema se enquistaba, negoció con el Ayuntamiento de Barcelona. El alcalde Porcioles se avino a ceder un espacio en Montjuïc i Miró encargó a Josep Lluis Sert el proyecto del edificio destinado a ser el CEAC (Centro de Estudios de Arte Contemporáneo) con el subtítulo: Fundació Joan Miró y fue él mismo quien pagó el proyecto del arquitecto y se hizo cargo del 50% del coste de las obras. Además, donó una gran cantidad de pinturas, tapices, esculturas, dibujos, obra gráfica, documentación y adquirió la colección de Mirós de primera época de su amigo Joan Prats, para consolidar el fondo de la institución.

Posteriormente, fue Tàpies quien promovió su Fundación. Así, Barcelona disponía ya del Museo Picasso, la Fundació Miró (con dificultades económicas incomprensibles en un país culto) y la Fundació Tàpies (altamente deficitaria), lo que ha llevado a que los artistas y sus familiares hayan optado por crear fundaciones que preserven el conjunto de su obra y permitan la divulgación de la misma.

Esta circunstancia ha generado tal cantidad de fundaciones que son imposibles de mantener: en Pineda la Tharrats, en Agramunt la Guinovart, en El Vendrell la Fenosa, Capellades era la población prevista para la Ràfols Casamada y Maria Girona, L’Hospitalet es la sede de la Arranz Bravo y diversos puntos de Barcelona acogen las de Rafael Benet, Cuixart, Tàpies, Brossa…

Otros importantes artistas también tienen su fundación situada en sedes que no son visitables, como Ramon Calsina o Xavier Nogués. Por todo ello, la creación de nuevas fundaciones es más un problema que un motivo de alegría, puesto que resulta imposible que en el futuro se puedan mantener. Así que me permito lanzar la propuesta siguiente:

Que las instituciones implicadas adquieran o aprovechen un local que podría ser una antigua fábrica en desuso. No es preciso que esté situada en una gran capital, aunque si en un lugar fácilmente accesible y que contenga los fondos de todas las fundaciones de arte cuya sostenibilidad no esté claramente asegurada. Así, con una sola infraestructura, se podría poner al alcance del público y de los estudiosos un gran patrimonio, con su biblioteca y su archivo que ayudase a revitalizar nuestro patrimonio colectivo.

De este modo, la mayoría de comunidades podrían disponer de un CENTRO DE ACOGIDA DE FUNDACIONES ARTÍSTICAS. Una súplica: que se encarguen las obras a los buenos arquitectos, exigiendo que eviten las obras faraónicas.

Francesc Mestre Bas

Barcelona, diciembre 2019

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